Aquella mañana desperté muy molesto, no solo por la forma en la que me despertó mi papá, sino por que ese día debía acompañarlo a un viaje de negocios a Santa Cruz, y yo conocía ese tipo de viajes, esperar en el hotel todo el día, esperar en una oficina casi todo el día o caminar por las horribles y calurosas calles de aquella ciudad (opinión personal).
Metimos las maletas en el coche y partimos como a las seis de la madrugada, veía a mi papá muy afanado y apresurado, después de llenar el tanque de combustible y comprar jugos y un par de galletas, entramos en la autopista que nos llevaría a Santa Cruz.
El mal estado de la carretera y la manera en que mi papá conducía me despertaron, estábamos en un lugar que supuestamente llueve todo el tiempo, rebasamos a varios coches y las curvas rápidas que tomamos no me dejaban disfrutar del cómodo asiento en el que iba, de repente vimos un vehiculo marca Mitsubishi Montero de color verde que nos rebasó, me costaba creer que había alguien más apresurados que nosotros.
Al ver el coche le pregunte a mi papá que si se dejaría ganar, el solo sonrió por cordialidad, me puse de rodillas en el asiento para poder alcanzar mi maleta y sacar un impermeable que de manera muy sabia mi mamá la puso ahí aún contra mi voluntad, de repente nuestro coche se detuvo de manera brusca con un rechinar intenso de las llantas en el asfalto, cuando di la vuelta vi como el coche que nos había rebasado hace unos minutos, estaba tirado al otro lado de la carretera con las llantas hacia arriba y un camión de carga frente a él, bajamos muy apresurados y asustados, escuchamos unos gritos de dolor, intentamos abrir las puertas pero era imposible, me agache por el único lugar q se podía observar algo dentro el coche, en la parte delantera había el cuerpo de dos personas totalmente irreconocibles, y en la parte trasera una señora gritaba y se movía de manera desesperada pidiendo que la ayudemos, pudimos romper el vidrio de la parte trasera del auto y mi padre pudo ingresar la mitad del su cuerpo para socorrer a la mujer, al salir me sorprendí mucho al ver que sacó un bebe envuelto en una manta amarilla manchada con sangre, me lo puso en brazos y me dijo que lo llevara al auto, mis piernas estaban adormecidas y una especie de nauseas invadió mi cuerpo, llegue al auto y puse al bebe en el asiento trasero, el niño respiraba con dificultad y tenia una herida q parecía no muy seria en la frente, al dar la vuelta para volver al coche accidentado vi que otros viajeros se habían detenido y lograron sacar a la mujer, muy adolorida gritaba preguntando por su hijo, la subieron a la parte delantera de nuestro coche, subimos con mi padre y dimos la vuelta el coche para llevarlos a una posta de salud en un pueblo cercano, la mujer pregunto por su hijo yo lo tenia en brazos, diciéndole que se encontraba bien se lo mostré y se puso más tranquila, minutos después nos pregunto por su padre y su hermano, mi padre le contesto que ya los estaban ayudando, aunque el y yo sabíamos que era imposible que siguieran vivos, llegamos a una posta de salud y un par de jóvenes vestidos de blanco y azul tomaron al niño en brazo y muy apresurados ingresaron a la posta, mientras otras dos personas cargaron a la mujer en una silla de ruedas y entraron por una puerta que muy poco legible decida emergencias.
Un policía nos pregunto que si ellos eran los heridos del auto verde, respondimos que si, nos dijo que eso era todo y que podíamos irnos, compramos una botella de agua y nos quitamos los restos de sangre que teníamos en las manos, al volver por el lugar del accidente vimos muchos vehículos estacionados alrededor, entre policiales y particulares, mirando sorprendidos por ultima ves, pasamos de largo.
Nunca supimos el nombre de la mujer ni el niño, solo se que ese día una fuerza mayor quiso que estemos en ese lugar y en ese momento, para ayudar a esa gente, después de ese viaje muchas cosas cambiaron en mi vida.
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